Las comunidades de color y escasos recursos han sufrido por mucho tiempo por prácticas racistas de uso de suelo que merman su salud, seguridad y calidad de vida.

Tóxicas combinaciones de desarrollos industriales, autopistas y rutas de camiones de carga se concentran en barrios de escasos recursos, entremezclados con hogares y escuelas. El trasfondo de este patrón que vemos con demasiada frecuencia son normas discriminatorias de uso de suelo que no protegen la salud de la comunidad.

La manera en que se planifican nuestros barrios—o en que se les abandona al descuido por falta de planificación—determina los niveles de contaminación atmosférica y la concentración de industrias tóxicas con los que tienen que vivir los habitantes. Por otra parte, las comunidades de color y escasos recursos viven una carencia de vivienda asequible y un limitado acceso a transporte público, espacio abiertos y alimentos sanos. La justicia ambiental existirá solo cuando se trate a todas las comunidades por igual.

La diligencia de nuestros y nuestras dedicadas(os) líderes han dado como resultado triunfos monumentales en materia de justicia ambiental, entre ellos:

Nadie tiene mayor derecho de determinar el futuro de una comunidad que sus propios habitantes. El Modelo de Cambio Social para la Justicia materializa esta creencia. Al empoderar a los integrantes de la comunidad mediante desarrollo de liderazgo, organización comunitaria y esfuerzos de abogacía colectivos, ellos(as) se convierten en líderes comunitarios a quienes nos sumamos en abogar por comunidades saludables, hogares saludables y entornos naturales tanto limpios como seguros, laborando hacia la meta final de lograr justicia social y ambiental.

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